viernes, 12 de febrero de 2010

GÉNESIS, de Bernard Beckett

Corre el año 2075. La tecnología, por supuesto, ha seguido evolucionando. Una joven llamada Anax tiene que hacer un complicado examen para ingresar en la Academia, el principal órgano de gobierno de una sociedad útopica enmarcada geográficamente en una isla a la que nadie de fuera puede tener acceso.

Desde el inicio del examen, Anax tiene que exponer sus conocimientos sobre Adán Forde, el otro protagonista de la novela: él fue, al dejar entrar a una mujer de fuera de la alambrada, castigado a convivir con un androide llamado Arte. Y desde ahí una serie de hechos le convierten en el principal alentador de una guerra que parece que se gestaba ya desde principios del siglo XXI y que desemboca en un holocausto.

Y aunque ensalzo Génesis aquí, he leído en algunos sitios que está a la altura del mísmisimo George Orwell y su 1984. No exageremos, Génesis, aunque es una novela pensada y narrada con acierto, no consigue transmitir todo lo que el maestro Orwell alcanza en la que es una de sus obras clave.

Un libro breve, intenso, muy intenso, con algo de bíblico como las grandes novelas de la Literatura Universal (véase Cien años de soledad), con algunas paradojas inquietantes (como llamar precisamente Arte al androide o Adán al protagonista) y algunos pasajes hermosos como el que adjunto al final del post. Génesis busca la reflexión sutil en el lector, al que somete al mismo examen que a Anax, un duelo entre la razón y el sentimiento, entre la inteligencia y los impulsos, entre la perfección y la vulnerabilidad humana.

Más te vale estar atento a cada detalle si no quieres tener que leerlo dos veces...

Yo no soy una máquina. ¿Qué puede saber una máquina del olor a hierba mojada por la mañana, o del llanto de un recién nacido? Yo soy la sensación del calor del sol en mi piel; soy la sensación de una ola fría rompiendo sobre mí. Soy los lugares que nunca he visto, y que sin embargo imagino cuando cierro los ojos. Soy el sabor del aliento de otro, el color de su pelo. Te burlas de mí por la brevedad de mi vida, pero es precisamente ese miedo a morir lo que me infunde vida. Soy el pensador que piensa en el pensamiento. Soy curiosidad, soy razón, soy amor y soy odio. Soy indiferencia. Soy el hijo de un padre, quien a su vez era hijo de otro padre. Soy la razón por la que mi madre reía y la razón por la que lloraba.

Reacciones:

5 comentarios:

  1. Al final no creo que Arte fuera menos humano, y eso que entendía perfectamente las explicaciones de Adán. Decidí al final que nuestra "vida" se debe a conexiones neuronales, y la de Arte a conexiones eléctricas, pero creo que los dos podían sentir.
    Pobre Anax.

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  2. Con el párrafo me lo dejas más que claro, demasiada filosofía para mis lecturas medianoche xDDD

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  3. Todo aquello que tenga aspecto futurista me repele bastante, qué le vamos a hacer, una es como es y no como ha elegido ser jijiji.

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  4. Isi, no estoy de acuerdo contigo porque Arte era un robot, así que no podía sentir como un humano, creo que el párrafo escogido lo resume perfectamente, por muy inteligente que sea jamás un robot podrá sentir las emociones de un humano.

    Elwen, jejeje, no te asustes, no es tan filosófico, además es un libro que transmite unas ideas bastante abiertas para que cada lector saque sus propias conclusiones, si no fíjate en el comentario de Isi y en lo que yo pienso, nada que ver, jejejeej.

    David, hecho, lo coges de la estantería cuando quieras ;)

    Eva, jajaja, así eres tú!! lo cierto es que yo no soy tampoco muy futurista, pero creo que no es una historia futurista realmente, sino una novela sobre la capacidad de sentir. Yo he tenido una grata sorpresa y he disfrutado de su lectura.

    Besos!!

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