viernes, 23 de enero de 2015

Crítica | Marsella, de Belén Macías


El segundo largometraje de Belén Macías es una road movie de corte social. Protagonizado por una madre que se reencuentra con su hija biológica después de varios años alejada de ella (debido a problemas con el alcohol) y ambas van en busca del padre de la pequeña. Durante el camino, entrará en acción la madre de acogida de la niña y un par de camioneros con los que tendrán una serie de altercados.

Marsella es un drama entretenido, que va introduciendo demasiados elementos en la trama (narcotráfico, familias desestructuradas, lucha de clases) pero cuyo resultado no es limpio ni sorprendente en ningún caso: más bien es como una amalgama de temas que, en vez de dinamizar la película, entorpecen el ritmo. 

Lo mejor, sin duda, es la capacidad de Belén Macías para la dirección de actores

María León es una fuerza de la naturaleza, está soberbia. Logra que el espectador la quiera, incluso a sabiendas de que no se comportó como una madre ejemplar. Pero el amor por su hija trasciende la pantalla, es real, es capaz de hacer vibrar al espectador. María León (¡qué merecida es su tercera nonimación al Goya por este papel!) es capaz de dotar de una naturalidad a un personaje complejo, cargado de matices. Es lo mejor, sin duda y con diferencia, de esta película. Y por ella merece las tres estrellas que le doy. Y por ella merece la pena verla. 

Junto a ella, Goya Toledo, en un papel que le viene como anillo al dedo: mujer estilosa, que mantiene las formas en todo momento (o casi), que está herida por dentro. Está correcta (su nominación al Goya es un pelín excesiva) pero sigue sin convencerme del todo esta actriz. Y del lado masculino, Eduard Fernández y Alex Monner, también más que correctos en sus papeles, y ellos sí, hagan lo que hagan son grandes. También hace un gran papel la niña, Noa Fontanals. 

Marsella representa un cine español desfasado, una trama carente de interés, un tufillo a drama social callejero que me recuerda al cine español de los 90, recubierto de un pesimismo, de un derrotismo que no aporta nada nuevo. Con todo, se deja ver, entretiene, gusta, se disfruta con sus intérpretes. E incluso (casi) emociona. 



Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

Reacciones:

1 comentario:

  1. No me llama mucho esta vez. NO creo que la vea en el cine.
    Besotes!!!

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