martes, 14 de febrero de 2017

Crítica | Tarde para la ira, de Raúl Arévalo


La gran triunfadora de la última edición de los Premios Goya (no en número de galardones, pero sí los más importantes) es un thriller capaz de poner en tensión al espectador desde el primer minuto hasta el último. 

La ópera prima de Raúl Arévalo, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, es una película que profundiza en una venganza calmada tras un asesinato del que casi todos los autores quedaron en libertad. Raúl Arévalo firma un proyecto, que le costó 8 años sacar adelante, de una incontestable madurez cinematográfica, y en el que se posiciona como uno de los directores más prometedores del momento. Arévalo bebe de los grandes directores con los que ha trabajado (¿especialmente de Alberto Rodríguez en La isla mínima?) pero definiendo su identidad y su manera de mover la cámara y contar historias. Y además confirma una cosa que ya sabíamos: en España sabemos realizar thrillers, y hacerlo además muy bien, mirando frente a frente a producciones de Hollywood que cuentan con muchos más recursos económicos. 

Protagonizada por Antonio de la Torre, en un papel impecable una vez más, cargado de ira y de fuerza, el reparto lo completan Manolo Solo, Ruth Díaz y Luis Callejo, entre otros. Todos están espléndidos (solo un detalle: a Ruth Díaz había escenas en las que no lograba entender lo que decía). 

Tarde para la ira es una película brutal, sin piedad ni perdón, que provoca un impacto fuerte en el espectador y una sensación de desasosiego y suciedad que permanece días después del visionado. Para los académicos, la mejor película española del año. Para el que escribe estas líneas, una de las propuestas más interesantes made in Spain del género.


Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria 

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