miércoles, 14 de febrero de 2018

Crítica | La forma del agua, de Guillermo del Toro


La película que suma más nominaciones en los Premios Oscar de este año es un cuento hermoso, una historia de amor contra el mundo durante tiempos tumultuosos entre dos personas únicas. O, lo que es lo mismo, una historia común y corriente, porque todos somos únicos y todas las épocas están teñidas de revueltas. 

Elisa trabaja como limpiadora en un laboratorio en el que se encuentra recluido un monstruo que fue capturado en el Amazonas. Pronto, entre ellos surge una química especial, una atracción patente, como la que siente Elisa por el agua.

En La forma del agua todo fluye como la corriente de un río dulce que va a desembocar a un mar salado. Fluye porque Guillermo del Toro, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, es un magnífico contador de historias, y conjuga lo necesario para que su película embelese: la dirección artística, la música, el vestuario y la emoción.

Los actores están espléndidos: Sally Hawkins hace un papel entrañable sin decir ni una sola palabra, capaz de transmitir tanto con la mirada, con cada uno de sus gestos. Sobresaliente. Alrededor de ella, orbitando, Octavia Spencer -que es ya, junto con Viola Davis, la actriz afroamericana más nominada en los oscars- quien brilla nuevamente con su interpretación fresca y poderosa a la vez; Michael Shannon, Richard Jenkins y Michael Stuhlbarg están impecables también, con unos papeles que les vienen como anillo al dedo.  

La forma del agua es una película poética que no aparta la mirada ante los males del mundo, ante el racismo, la homofobia o los abusos. La forma del agua es CINE con mayúsculas, una de esas veces que uno sale con la magnífica sensación de estar ante una obra mayor, sensual y dulce. Plenitud cinematográfica y artística.



Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

Reacciones:

2 comentarios:

  1. La tengo que ver sí o sí.
    Besotes!!!

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  2. Guau, qué ganas tengo de verla. Precisamente ayer vi un reportaje en que el director hablaba de la película y me convenció por completo.
    Un abrazo.

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