lunes, 18 de marzo de 2019

Reseña | La muerte del comendador, de Haruki Murakami


Vuelve Murakami en estado puro.

El escritor japonés, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, publica una novela magistral en la que reúne y explora nuevamente los tópicos que alimentan toda su obra: la soledad, la muerte y el amor, la existencia de mundos paralelos, la mezcla de fantasía y realidad.

Publicado en dos volúmenes, el primero se centra más en la historia del protagonista, un retratista -cuyo nombre desconocemos- al que su mujer le deja tras seis años de matrimonio. Entonces decide emprender un viaje para finalmente instalarse en una casa ubicada en las montañas de Odawara. En esa casa vivió, hasta ser ingresado en una residencia de ancianos, el prestigioso pintor Tomohiko Amada, padre de su mejor amigo. 

Allí conocerá a un enigmático vecino, Menshiki, que le ayudará a resolver un misterio: ¿de dónde proviene el sonido de la campanilla que escucha cada noche? Un fenómeno peculiar que se desencadena cuando el protagonista descubre La muerte del comendador, un cuadro de Amada que nunca vio la luz, y que está vinculado a un hecho de su juventud en Austria durante el Anschluss, la fusión de Austria y la Alemania nazi en una sola nación. 

A esto hay que añadir además el interés de Menshiki en acercarse a una adolescente, Marie Akikawa, que es alumna de las clases de pintura que imparte el protagonista en Odawara.

Toda una trama que va desarrollándose y en la que las historias se entremezclan para cobrar sentido completo. Una obra cargada de símbolos ocultos, de detalles, de música clásica, de hechos inexplicables. Y que habla también del sexo, de las heridas eternas del corazón causadas por la pérdida: la de la hermana del protagonista cuando eran adolescentes y que marcó su vida para siempre; la del pintor atormentado tras un suceso trágico con las SS. Y también de los puntos de inflexión en la existencia que nos ayudan a creer, a crecer y a seguir adelante. 

Con la envolvente prosa de Murakami y su capacidad para convertir al lector en "espectador", La muerte del comendador habla del arte -la pintura, en esta ocasión- para expiar sentimientos incrustados en el alma. 

La novela avanza continuamente en una huida hacia adelante, y eso genera la ansiedad de leer y leer sin parar, de casi llegar al final sin saber cómo el autor va a resolver la trama. Y lo hace, aunque deja incógnitas abiertas (como sucede a veces en las novelas de Murakami) en un final que, tras casi 900 páginas, se precipita de alguna manera, pero lo hace con la mano maestra y calmada del japonés. 

En definitiva, SIEMPRE es un gustazo leer -devorar, como ha sido mi caso- a Murakami, pero más en esta ocasión en la que nos reencontramos con el mejor Murakami, hacedor de una atmósfera preciosa, y onírica, y con unos personajes perfectamente construidos e inolvidables. Obra monumental. 


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Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

Reacciones:

2 comentarios:

  1. Y que sigo sin leer nada del autor. TU reseña tienta, desde luego. A ver si me animo.
    Besotes!!!

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  2. Ais, tampoco he leído nada de este hombre todavía U.U

    Besotes

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