lunes, 20 de julio de 2020

Reseña | Diario de un cazador, de Miguel Delibes


Diario de un cazador era una de esas novelas de Miguel Delibes, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, que me resistía a leer. Las razones, claras: no tengo nada que ver con el mundo de la caza, ni me interesa ni estoy de acuerdo con que se practique en algunos de los casos. Sin embargo, el protagonista, Lorenzo, es considerado uno de los personajes más entrañables de la literatura en español y a él recurrió Delibes después en Diario de un emigrante y Diario de un jubilado, dos novelas que continúan la historia de Lorenzo. Por eso, en este centenario del nacimiento del vallisoletano, me animé con su lectura.

Lo resumiré en tres palabras: Me ha encantado. 

Además, me parece una novela magnífica y muy didáctica para conocer esa práctica que abundaba en la España rural (¿lo seguirá haciendo? probablemente mucho menos hoy que hace 55 años, cuando se publicó la novela). La obra rezuma un respeto profundo por los animales de los que nos alimentamos y un amor profundo por aquellos que son nuestra compañía. 

No soy vegetariano ni vegano, por lo que sería hipócrita de mi parte rechazar la caza en su totalidad, pero sí definitivamente rechazo la tortura y la explotación de los recursos naturales. Pero Lorenzo respeta la vedas (periodos en los que no se pueden capturar determinadas especies para asegurar su procreación y subsistencia). Proviene de una familia muy humilde y desde el fallecimiento de su padre se ha convertido en la principal fuente de ingresos de su familia.

Diario de un cazador es una historia de amistad y camaradería. Y, también es una historia de amor: de ese primer amor joven y fascinante, que te revuelve el pensamiento y te llena la vida. No sé qué me da esta mujer que me tiene como tolondro. 

Una novela maravillosa del maestro Delibes, galardonada con el Premio Nacional de Narrativa en 1955, que se lee con frescura gracias a su estructura, que parece naif pero que constituye un poderoso retrato de la España de mitad de siglo: empobrecida, humilde y resiliente. 

La frase
Dice la madre, y le sobra razón, que hay señores que no saben ser señores. 


Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

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